Carlos Tonelli escribe cronicas... pasadas para recordar y entender nuestro pais.

Publié le par Florencia Cano Lanza

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El Guarany era gemelo del Lambaré
21 de Septiembre de 2010 | Por Carlos Tonelli
Una de espías
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Una tragedia naval causada por un agente brasileño casi nos lleva a una guerra. Testigos de fama y más de cien muertos.

La historia me pareció inverosímil; tan inverosímil que en algún punto empecé a pensar que tenía que ser cierta.

La cuento como me la contaron, y se que usted, lector, al terminar de leer tendrá una mueca de escepticismo, como yo.

Corre el año 1919; es el año del nacimiento de Eva Peron; es el año de la muerte de Victorino de la Plaza, de Roosevelt y de Emiliano Zapata. Se ha confirmado la Teoría de la Relatividad de Einstein y se ha firmado el Tratado de Versalles. En Italia, Benito Mussolini funda el Partido Fascita Italiano y en Alemania se funda el DAP, que luego incorporaría a Adolph Hitler y se transformaría en el Partido Nacional-Socialista. En nuestro país se creaba la revista deportiva El Gráfico.

Esta historia empieza el 25 de diciembre de 1919. El Presidente de la República era don Hipólito Yrigoyen.

El día de Navidad zarpa de la Dársena Norte el vapor "Guarany" con 222 pasajeros, 105 en primera clase, 96 en segunda y 21 en tercera. Este vapor de la firma de don Nicolás Mihanovich unía en esa oportunidad Buenos Aires-Asunción (Paraguay) por el río Paraná. Había sido contruído en Inglaterra y botado en 1908. Tenía unos 75 metros de eslora por unos diez de manga, y dos motores ingleses de vapor impulsaban sus palas laterales dándole una velocidad de 12 nudos.

En primera clase viajaba con destino a la República Paraguaya el correntino Eudoro Vargas Gómez, quien se dirigía allí con el objeto de hacerse cargo del puesto de Ministro Plenipotenciario. Una de las primeras misiones encomendadas a este joven diplomático era la de llevar al Gobierno paraguayo varios documentos y planos militares que el Estado Mayor argentino había preparado. Estos planos y documentos comprometían las relaciones diplomáticas e internacionales de varios países sudamericanos entre los que figuraba el Brasil. El señor Vargas Gómez viajaba con su secretario particular y varios amigos, también correntinos, entre ellos el diputado nacional Dr. Antonio González, además de otros intelectuales argentinos como el Dr. Alfredo Palacios que iban a Corrientes para intensificar la propaganda "Pro reintegración de Misiones a Corrientes".

A la salida del "Guarany" el embajador solicitó al capitán del vapor una caja fuerte para poder guardar sus documentos secretos. La caja donde fueron depositados era de una seguridad indiscutible y su cierre tenía una combinación secreta.

Encontrándose al segundo día del viaje sentados a la popa del barco, el ministro plenipotenciario con sus amigos discutiendo la cuestión reciente de Catamarca, un grito de mujer asustada hizo que todos corrieran a su encuentro. Esta mujer que ocupaba un camarote contiguo al del embajador, al ser interrogada dijo que vio salir del lugar "... a un hombre que con un antifaz llevaba sus ojos cubiertos (sic) y empuñaba en las manos un revolver y un cuchillo...".

Al oír esta declaración, tanto Vargas Gómez como su secretario se miraron atónitos y rápidamente penetraron al camarote donde, ante sus miradas, se descubría la caja de hierro abierta de par en par, y en la que no queda ni rastros de los importantes documentos.

De inmediato, el capitán, como también el comisario de a bordo y toda la oficialidad, procedieron según las costumbres de la época a la revisación de los pasajeros de tercera clase, entre los que figuraban cinco sospechosos. Eran estos sujetos al parecer colonos, vestidos en forma extremadamente humilde. Esta gente había sido visto recorriendo de día y de noche en diferentes direcciones el buque, buscando al parecer algo, y tal actitud sospechosa ya había intrigado al capitán del "Guarany", quien les había solicitado los documentos necesarios para comprobar su identidad. Una vez con los documentos en su poder comprobó que todos se hallaban en debido orden y se trataba de colonizadores brasileros que se iban a instalar en una de las regiones chaqueñas y que habían llegado a Buenos Aires dos semanas antes provenientes de Porto Alegre.

Respecto al robo, nada se halló; los sospechosos dormían tranquilamente en sus respectivos camarotes. Mientras tanto, el buque anunció su entrada en el puerto del Rosario. Bajo una orden severa del capitán ningún pasajero podría bajar a tierra. Los únicos fueron el ministro y su secretario acompañados de un oficial, que en un bote se trasladaron a tierra. Una vez allí se dirigieron a la oficina del telégrafo, donde el Jefe le dio comunicación secreta con el Ministerio del Interior. La conferencia duró cerca de media hora. Vargas Gómez volvió al buque, donde encontró al Prefecto de Puertos, a quien le transmitió las instrucciones recibidas del Ministro del Interior. Entonces bajo las órdenes de éste, un pelotón de marineros procedió a revisar escrupulosamente a todos los viajeros que debían bajar en Rosario. Media hora más tarde el Guarany partía raudo hacia tierras correntinas.

A eso de las cinco y media de la tarde, el vapor llegó al puerto de Empedrado, en Corrientes. El sol tórrido del día poco a poco iba desapareciendo y los pasajeros despreocupados salían de sus camarotes a tomar el aire fresco que la naturaleza les regalaba. En el salón principal se hallaban sentados en amplios y cómodos sillones el diplomático y el capitán, que conversaban animadamente. Repasaban los acontecimientos recientes, y el capitán, colmándolo de atenciones trataba de animarlo, confirmándole que en Corrientes Capital tendrían todo dispuesto para arrestar a estos espías que disfrazados en el vapor se les presentaban con papeles legales y en orden.

Terminaba de pronunciar estas palabras, cuando ambos se estremecieron al notar que detrás de ellos un hombre, acurrucado en un rincón, había oído toda la conversación y se preparaba para escapar. Antes de que éste tuviera tiempo de fugarse, le saltaron encima, pero fue imposible detenerlo; el hombre se limitó únicamente a presionar un botón de su saco y, tanto el capitán como el ministro, al tocarlo, recibieron una fuerte descarga y cayeron al suelo. El sujeto en cuestión tenía oculta entre sus ropas una faja eléctrica recientemente inventada, y que golpeaba con una descarga eléctrica a todo aquel que la tocara. Durante los segundos de aturdimiento del capitán y del embajador, el sujeto, que no era otro que el célebre espía brasilero Francisco Albuquerque, logró a toda carrera confundirse entre los pasajeros de 2ª y 3ª clase.

Repuestos del golpe, los dos hombres se vieron rodeados del diputado González y el doctor Palacios, quienes los interrogaron acerca de lo ocurrido. El capitán ordenó que no se hiciese ningún desembarco en ese puerto (Empedrado) hasta tanto no se procediera a la captura del espía y sus cómplices.

Eran como las siete de la tarde y el sol ya se había ocultado en el horizonte. La campana anunció la hora de la comida. El capitán, juntamente con el ministro y los doctores Palacios y González al frente de los marineros del Guarany, se aproximaron a la sala comedor de los pasajeros de 3ª clase con el ánimo de aprehender a los espías, pero no los encontraron allí.

Quince minutos después el vigía del vapor, desde las alturas del palo mayor, tocó su silbato para avisar que cinco desconocidos intentaban desembarcar por la popa en uno de los botes del barco. El capitán con sus marineros, que ya se encontraban armados, se dirigieron a la popa cuando sucedió algo extraño. Una fuerte explosión se dejó oír en el interior del buque, luego otra y otra más. Los pasajeros que tranquilamente comían salieron corriendo y gritando que el buque se hundía y que por todas partes entraba agua. El capitán luchó en vano para contener el pánico de la gente, pero fue imposible; el paquebote se hundía raudamente en las aguas del Paraná. Cientos de gritos a un mismo tiempo se dejaron oír en el espacio y el Guarany se desplomó en el río, hecho astillas por la explosión de las calderas y las maquinarias.

Mientras tanto, el bote en el que habían huído los brasileros se alejaba rápidamente del buque náufrago, que desaparecía en las profundidades del río. Vargas Gómez, momentos antes del hundimiento del "Guarany", tuvo tiempo de embarcarse en otro bote acompañado por los diputados Palacios y González, quienes armados de carabinas y revólveres disparaban de vez en cuando algunos tiros contra la embarcación que huía. La persecución duró solamente 10 minutos debido a que uno de los brasileros disparó un tiro que traspasó de parte a parte el bote de los argentinos, que fue haciendo agua hasta zozobrar; los tres politicos dieron vuelta el bote y de esta manera se defendieron de las balas enemigas. El intento de persecusion habia sido inútil, la oscuridad de la noche facilitaba la fuga de los espías.

Los tres fueron rescatados más tarde del agua, el embajador Vargas Gómez a punto de desmayarse y llevando en brazos a un niño de uno cinco años que logró arrancar con vida de las aguas. Eran las tres y media de la mañana.

A pesar de la oscuridad de la noche, el teatro del suceso estuvo iluminado por el suave resplandor de la luna, dando al cuadro un aspecto fantástico y al mismo tiempo macabro. Quince botes, 8 lanchas y 16 pequeñas chatas fueron de la partida, recorriendo la costa del río por diferentes puntos.

A bordo de cada uno de ellos un hombre mantenía en alto una farola mientras dos o tres, con largas cañas, buscaban entre las turbulentas aguas a los que habían muerto victimas de la catástrofe. De vez en cuando alguno de ellos gritaba con voz ronca por la emoción "cacé uno, ayúdenme", y entre dos personas sacaban a otro ser humano.

Las tareas de rescate fueron concluyendo para la madrugada. El sol en el horizonte asomaba y el Paraná tranquilo se hallaba límpido y transparente. En la playa de Empedrado se notaba una confusión asombrosa: restos de un buque, por doquier hombres, mujeres y niños tirados sobre la arena sin dar señales de vida. Un centenar de personas con los sombreros en la mano se hallaban de pie, contemplando en silencio aquel cuadro conmovedor. El cura del pueblo, R. Padre Crisóstomo Aguirre, bendecía a unos y a otros.

Los muertos en la catástrofe se tendieron en el suelo de la iglesia del pueblo, sumando un total de 103 ahogados, entre ellos 15 menores y 23 mujeres. Los heridos, en un total de 96, se repartieron en las casas de las familias del pueblo.

Un articulo del diario "El Liberal", de Corrientes, del 28 de diciembre de 1919, da cuenta de la catástrofe del Guarany del siguiente modo.

"Se hunde frente a Empedrado. Detalles del suceso - Los muertos – La obra de los espías brasileños – La captura. Guerra con el Brasil.

"Ayer después de haber nuestro diario salido a la calle repartiéndose al público recibimos el siguiente telegrama de nuestro corresponsal en Empedrado:

"EL LIBERAL – Corrientes, Diciembre 27. Vapor Guarany acaba estallar. Parece reventó máquinas. Estallido repercutió haciendo temblar tierra. Río cubierto cadáveres y restos buque náufrago. Sucesivamente mandaré datos. Todo pueblo ayuda en salvataje. Saludos. Corresponsal.

"Ante un hecho tan grave, que nos llenó de estupor, no hemos querido lanzar un boletín antes de obtener la confirmación de este despacho. Encontrándose aún los redactores y reporters en sus puestos de la mesa de redacción, descansando de la tarea recientemente terminada, uno de ellos recibió orden de averiguar la salida de un tren de cualquier clase para que pudieran los reporters trasladarse a ese punto, donde ocurriera tan terrible catástrofe. En el tiempo transcurrido hasta la llegada del reporter que venía con la noticia de que un tren de carga salía dentro de un cuarto de hora, se recibió el segundo despacho, que publicamos tal cual vino. Dice el telegrama:

"EL LIBERAL – Corrientes. (Urgente recomendado). Dícese en Vapor Guarany viajaba ministro plenipotenciario Vargas Gómez. Salvados 48 hombres y 5 mujeres que lloran pérdida esposos, hijos. Una de ellas locas. Ayudantía ésta pidió torpedera esa y ayuda. Cadáveres son recogidos por botes que llegan llenos heridos y ahogados. Oscuridad creciente impiden más salvamentos. Comités convertidos en hospital. Corresponsal.

Finalmente tres individuos moribundos, con las ropas destruidas, fueron encontradas en la orilla. Al revisarseles los bolsillos para ver si se los podía identificar se encontró una cartera, contenido sobres lacrados con destino al gobierno del Paraguay y que en rótulo decían "Gobierno Argentino pliegos secretos", además se encontró en otro bolsillo un carnet brasilero que identificaba a "Francisco Albuquerque, agente del gobierno brasilero".

El doctor Alfredo Palacios dio esa noche su conferencia sobre la reintegración de Misiones a Corrientes en el Teatro Vera y el lunes partió de regreso a la Capital Federal.

El Gobierno argentino rompió las relaciones diplomáticas con el Brasil y dio orden de movilizar las fuerzas nacionales, firmando un decreto que llamó bajo las armas a todo ciudadano de las diez últimas clases.

Después, lentamente el tema fue olvidado y gracias a Dios no hubo guerra.

¿Lo sabía?

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